miércoles, 24 de noviembre de 2010

#45 La mayor de las mentiras

Alguna vez alguien me dijo que como seres humanos, solemos de vez en vez, hacer o dejar de hacer cosas en el afán de protegernos, decir o dejar de decir en el afán de no exponernos. Hasta ahí me atrevería a decir que todo está bien, vivimos en un mundo salvaje donde la gente vive desenfrenada la carrera ensangrentada de sobrevivir, en el mejor de los casos, la carrera ensangrentada por sobresalir. Si los animales en la jungla han aprendido a diseñar refugios, a desarrollar camuflajes y un sin fin de artimañas para protegerse, ¿Por qué el ser humano no lo haría?

Insisto pues no ver mayor problema en manejar distintas mascaras, en vivir detrás de ciertos muros en pro de protegernos de tan carnívora sociedad. Sin embargo, percibo en mi, y muchos de mis similares, un peligro intrínseco a la señalada situación.
Vestidos de nuestras mascaras, llegamos a vernos tantas veces al espejo, que terminamos por creer que somos esas mascaras, terminamos por olvidar que hay un ser humano por detrás. Vivimos tan acostumbrados a la comodidad de nuestras paredes, que el olor a mierda que permea ese ambiente se hace parte de nosotros, nos inhibe incluso la capacidad de siquiera entender la necesidad de un drenaje, de entender que es fuera de paredes donde existe el alimento para mantener con vida el alma.

No hay peor mentira que aquella que a nosotros mismos expresamos, no hay peor tragedia que nosotros mismos las creamos. Es cierto que el mundo no está listo para tanta sinceridad, no existe siquiera la tolerancia necesaria. Pero la vida se marchita en soledad y autoengaños mientras incapaces seamos de mirarnos llenos de valor, y tolerar lo que en realidad seamos.

Cu4tro letras empiezan por buscar sinceridad interna, cu4tro letras son necesarias para tolerar la sinceridad ajena. Dios me ayude a entender que muerto estoy mientras ignoro lo que soy, Dios me de valor para en soledad mirar mi verdadero rostro, y en plena consciencia, sonreír.

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