Lamento como nunca el peso de la responsabilidad que me impidió estar a tu lado en cada paso. Lamenté no acompañarte en tú trayecto, lamenté que no cupieras en la pequeña mochila de mi corazón. Y es que a motivo de semejantes horas de la madrugada (quiero pensar que es la razón), te visione como un sueño inalcanzable para las mutiladas piernas de una voluntad errante, te visione como un sueño profundo, reparador y significante.
El esfuerzo fue desde el inicio, y una vez iniciado contigo, te perdí rezagado en necesidades por las que respondo aunque sean ajenas a mí. El sudor me limpiaba las pupilas para verte cada vez más clara, para verte cada vez lejana. Mis esfuerzos tardaron una ilusión en alcanzarte, te alcance a medio camino y a partir de entonces el cansancio se alejo para dejar camino de alta pendiente a la admiración de una belleza limpia y transparente. Por momentos te acompañaba, pero solo por momentos, me conozco y acercarme de más podía despertarme de tan fantástico sueño para desvanecerme en la realidad.
Faltaron los minutos para que el tiempo se hiciera determinante antes de introducirnos a la palpación de la inexistencia de las nubes. La experiencia se convirtió en un rumor de lo que en la lejanía siempre vemos mas nunca tocamos, en la sintonía de lo que como concepto existe más nunca alcanzamos. Pero esta vez era diferente, estabas tú, y contigo todo parece ser realidad. Estando tu presente, hasta lo inalcanzable se deja alcanzar para darte el lugar que te corresponde por encima de lo que no puedo tocar.
Después de algunos jadeos, salí de la zona difusa para verte aparecer algunos pasos tras de mí. Apareciste como la materialización de una nueva época, como el surgimiento de una nueva etapa donde las nubes se dibujan por debajo de los pies y se presentan como un océano de oportunidades, como tierra de un nuevo mundo donde las limitantes quedan sumergidas junto con la mediocridad y las miles de intenciones que se conforman con habitar el mundo real.
Estar sin ti y contigo ahí, pagó con creces el desvelo, pagó con creces el esfuerzo. Caminamos por las nubes. Mantuve la distancia que amarraba al suelo mi seguridad a medida exacta que me permitiera poder verte, que me permitirá sin romperme poder verte tan bella y natural como solo yo podría verte , tan bella y natural como solo tú podrías serlo en el presente. Nos sumamos a los pocos gigantes que imponentes se levantan por encima de lo que nos impide ver el sol, y por algunos minutos nos sentimos grandes, nos sentimos imparables, nos sentimos tan eternos como indescifrables.
Cu4tro letras viven del esfuerzo, cu4tro letras viven por encima de las nubes. Hoy que estoy abajo te seguiré admirando, mañana que siga abajo te olvidare, mientras por la eternidad te siga alcanzando.
lunes, 5 de octubre de 2009
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