Hoy recordé que tengo un sueño. A veces es muy fácil perder la esperanza, a veces se pierde entre lo que mediocremente llamo realidad. Incluso utilizo ese vulgar pretexto de justificar mi falta de fe en la búsqueda de vivir un día a día que me pesa cada vez más. Desde pequeño tuve un sueño y me avergüenzo de lo fácil que lo suelo engañar.
Nací para ese sueño y ese sueño nació por ti, es mi mayor regalo. El que aún no vea la materialización de su mirada, ni sienta la caricia de su voz no significa que no exista. Muero por descubrir la personificación de lo que sin ser soy. No se trata de vivir del mañana. No se trata de encontrar el sentido que aun me cuesta matizar. Se trata de construirme listo para el encuentro con un sueño que se llama presente aunque no lo pueda todavía respirar. Vale la pena la espera, dignificas un presente que voy a darte y me humillo suplicando tu perdón por un pasado que no te supo valorar.
Tengo un sueño que eres tú en mi presente. El sueño es esperarte tras velo santo, dedicado, fragante de una entrega total hasta que el mismo sol golpee de tu silueta la luz que estrene mi corazón. Pido a mi Dios por esos pasos que construyen el camino de este mi sueño, pasos tímidos y hasta cobardes, no te merecen, nunca lo han hecho, pero daré mi vida por que sean de la vida solo tuyos. Sé que los aceptaras. Cu4tro letras me permiten soñar, cu4tro letras brillaran por la eternidad. Eres mi presente aunque ni yo mismo lo entienda. Fuiste, eres y serás mi sueño, mi sueño hasta la eternidad.
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