jueves, 19 de marzo de 2009

#32 Vida; Muerte

Vida; Muerte. Escribo esto hoy 16 de marzo del 2009 a segundos de ver al menos cinco cuerpos inertes a un lado de la carretera. Sobre un camión desbaratado, al menos otros tres o cuatro cuerpos en posiciones muy poco ortodoxas. Gritos, dolor, sangre; varias personas son víctimas de lo que un instante convertido en accidente puede provocar. Un tráiler y un autobús se encontraron para dar fe en ejemplo, de las complicadas circunstancias que nadie puede entender, que nadie es capaz de explicar, para recordarnos lo falaz que resulta la banalidad de nuestras vidas.
Vida. Tanto la complicamos, tanto que la lloramos, tanto que la transpiramos como inconscientes de que, por más profundidad que le queramos imprimir, es un don que no nos pertenece; que convive conmigo sin siquiera conocerme, sin siquiera dar un suspiro en respuesta a los sollozos, que en un marco más amplio no son más que silbidos de un viento eterno que a nadie le pertenece, que a nadie obedece sino que es parte y forma de una fuerza que se mantiene viva y por encima de lo que para nosotros es un universo. Mi vida, la tuya, las que hace unos minutos se desbocaban en pensamientos e ilusiones, en problemas y tensiones y que ahora se pierden en el asfalto dibujando posiciones incomodas, como recién enteradas que las formas bajo las que nos vestimos son de tan baja importancia como aquellas por las que luchamos.
La vida bajo el contexto de la muerte no depende de más que un frágil hilo. Desesperante nos grita en agonía, nos sirvamos de la realidad que hace contar cada segundo; que vive más y suspira menos, que vive sus sueños en el día para descansar en la noche, que se ocupa más y que nunca se angustia, que da sentido, significado y valor por si misma a la muerte y hace al tiempo relativo, etéreo, tan solo pretexto y vehículo que nos ofrece la oportunidad a la inmortalidad en dimensiones ajenas, de las que poco entendemos, de las que poco relacionamos a estadios prácticos que nos dignifiquen el privilegio de tan inmerecido regalo.
Junto a mí y sobre el empolvado asfalto, decenas de burdos testigos y curiosos somos testigos de tan clara evidencia de frialdad. Pocos son los que capacitados pueden formar parte de la escena, los demás tan solo observamos tras invisible espejo, observamos como quien ve película de ficción y asombrado se conmueve y se estremece, vibra en la butaca para después salir y vivir en una realidad independiente, ajena, distante. Me resulta triste pensar que la única respuesta a tan dramática posición se la muerte sabia y permanente. Pongo mi fe en la consiente sabiduría que llega de esas otras dimensiones y que a veces tratamos de ignorar. Fe en que algún día todos seamos capaces y valientes como para involucrarnos en la escena y dejar de ser solo espectadores para formar parte de una conciencia individual colectiva que nos permita dar entornos y significados más profundos a unas cu4tro letras desgastadas por la ignorancia de nuestros conceptos y formas de vida.
Cu4tro letras son capacidad y valor, conocimiento y entrega. Las cu4tro letras vivirán difusas a nuestras vidas mientras no revaloricemos a conciencia la vida que se vive y no se observa preocupada mientras la muerte la despierta. Cu4tro letras por mucho nos superan y es por esto que nuestras vidas deben estar por sí mismas llenas de pasión y entrega a un propósito igualmente superior a las mismas, esforzadas en honor a lo que no nos pertenece, pero podemos acariciar.

1 comentario:

nana dijo...

Gracias por la sacudida... creo que ya estaba pensando que mañana también estaré viva... y puede no ser así. TE EXTRAÑO MUCHO!!! Que Dios te bendiga. t mando un abrazo.