Casi puedo oír el sonido de su aliento, su olor, sobretodo su olor. Me duele darme cuenta lo torpe que puedo ser, lo incapaz a la hora de querer rezurcir una ruptura y terminar desgarrando aun mas bajo el pretexto de supuestas bondades que terminan por ser el peor de los asesinos vestido hipócritamente de buenas intenciones. Querer hacer lo correcto a veces me convierte en un remedo de hombre bueno que termina por en el fondo ser peor que cualquier desalmado.
Quisiera ser el que debiera, quisiera robarla en un abrazo, lograr lo que en otra ocasión mencionaba; darle monarquía absoluta al corazón y dejar que el mundo simplemente se pare y me espere como tantas veces y tanto tiempo yo lo he esperado. Sus manos, casi perfectas, alcanzables solo para recordarme que es lo único que me alcanza alcanzar y que mediocremente me bastarían para vivir seguro por el resto de mis días.
A veces no sé donde termina mi interés por su bienestar para iniciar mi mezquino y egoísta interés por mí mismo. Ayer perdí esa noción como hace mucho no lo hacía y termine presionando llagas que no tienen otro fin que producir dolor, lastimar y herir. Desde el fondo creo que uno de los pilares que me sostienen es la sinceridad, pero los excesos nunca y en ningún caso han servido de nada. La ganancia marginal es decreciente, la curva cóncava, y dicha curva puede terminar por manifestarse negativa, en perdidas, en lagrimas, en dolor. Aunque se ella no lo termina de entender, me está doliendo más de lo que cree.
Cu4tro letras se manifiestan en plenitud a través del dolor que cala en lo más hondo y que no proviene de uno mismo. La quiero como se nunca lo entenderá, es mi hermana de alma y corazón.
viernes, 16 de enero de 2009
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