Ya no tengo 17 años, necesito encontrar el equilibrio. Cerebro, carne y corazón. El coexistir en una misma persona no es tarea fácil, los intereses suelen estar encontrados y las formas más bajas de manipulación a quien las sostiene dentro de un mismo cuerpo, son dignas de la bendita libertad de la prisión.
Ahí estaba, un sueño que permanecía presente aunque muchas veces olvidado en un rincón del vasto jardín de los deseos, un sueño que bien representa un punto de encuentro entre mis tres C’s. El momento llegaba y al pasar dejaba confusión alimentada de conveniente ignorancia de los procesos que se podían estar generando, no solo en mi sino también en ella, de las interacciones endógenas a mi persona, de las exógenas a la endogeneidad de su persona, de las formas en que carne, cerebro y corazón se atacaban mutuamente para ver quien se llevaba la mayor tajada, quien ganaba haciendo perder a los otros. Poco a poco la ignorancia fue convirtiéndose en una lucha por tratar de conciliar las partes en un contexto donde no me podía permitir el preocuparme solo por mis tres C’s, sino también en las de ella; ella que es una esquina importante de mi vida, ella que es todo y curiosamente también es nada.
Ya no tengo 17 años, necesito encontrar el equilibrio. Lo anterior suena ya a gran progreso referente a un pasado lejano en donde ni siquiera veía la necesidad de hacerlo, donde alentaba que el instinto, aliado de la carne, despedazara y disfrutara de los placeres que mi complacencia le permitía. También es avance de mi pasado reciente donde más bien alentaba en mi consiente subconsciente el imperialismo de un cerebro dominador y abarcante que protegía y cercaba en autarquía los tesoros que poco a poco se pudrían en el encierro de las dudas y el temor. Equilibro entonces sería el siguiente paso, equilibrio que apenas me susurra entre suspiros el largo periodo que tendrá que pasar para cerrar un nuevo ciclo y mirar de nuevo con expectativa adelante.
No, las cu4tro letras no requieren poder porque ellas ya lo poseen, no requieren pertenencia porque todo lo son, no requieren mostrar nada a nadie porque han sido, son y serán. Y como comentario adhiero el decir que le evito al corazón la vergüenza de querer tratar de tener su periodo de gobernanza, de imponerse a sus similares, el sí que podría acabar con este cuerpo. Cu4tro letras me saben a presente, y aunque suene paradójico, las espero a futuro en mejor versión.
viernes, 16 de enero de 2009
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1 comentario:
No sé qué tan consciente estás de que el hecho de leer tu blog amplía mi vocabulario. Gracias por usar palabras que no escucho a diario, lo disfruto mucho.
Me encantó el final "espero a futuro en mejor versión". Es interesante ver la evolución que el tiempo provoca en nosotros, cómo nos empuja a crecer y nos sacude cada tanto para recordarnos que es tiempo de repensar lo establecido, cuestionar las razones por las que vivimos, analizar el mundo nuestro y el ajeno, por dentro y por fuera. Espero que de cada etapa te quedes siempre con lo mejor, porque te quiero y admiro como eres (con lo ínfimo o mucho que te conozco).
Dile al corazón que no sea porfiado, jaja... que ame apasionadamente, pero con cuidado. Porque como bien escribiste por ahí, todos los excesos son malos (aunque no creo que exista el exceso de amor... cuando es amor real.) Tk amigo. Dios te bendiga mucho.
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