Recién entrando al estado de Sonora, me sentía ya como en casa. Ese paisaje de vegetación amarillenta, de cerros rocosos, de gente abierta, franca, transparente, real. Crecí en un ambiente muy parecido; pareciera que algo liga a la Baja California con sus similares de Sonora y Sinaloa. El inicio de lo que seguramente sumara a mi lista de parteaguas, se pinta de campos verdes, atardeceres de película, lunas caprichosamente coquetas y la sensación de un embrión mal desarrollado que regresa tímidamente a la calidez de su propio útero.
La estructura ha sido dañada, las luces están parchadas, las paredes visiblemente cuarteadas. Las tormentas de la vida han echado abajo pedazos de una barda que de poco sirve y sin embargo es pretexto de añoranza. Hay mucho que hacer; es tiempo de reorganizar. El ciclo a cambiado y el pasado solo sirve para el análisis y la reflexión en fracasos y victorias que me ayuden a cumplir con ciclos cada vez mas provechosos, que generen acciones cada vez menos egoístas y que apuesten por la fe, en un espíritu que modele y construya marcos estructurales sólidos y a prueba de todo.
Cu4tro letras son pasión por los procesos, también por las metas. Quien mira solo por un fin vivirá eternamente alejado de una vivencia real y tangible con las fuerzas que mueve al universo en caminos que ya son per-se un fin. Cu4tro letras albergan nuestras banas, limitadas y necesarias concepciones del amor, de la entrega, del servicio. Aun en estructuras defectuosas, las cu4tro letras han vivido, viven y sobrevivirán a los ataques internos y externos que en su mayor parte yo mismo género.
Detrás de las paredes, afuera, esta la luna, el sol, el cielo pintado de azul eterno y los campos capaces de suplir nuestro cuerpo de alegría. Salgamos a la luz, salgamos de las sombras; entremos con pasión y salvemos nuestra propia obra.
viernes, 16 de enero de 2009
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