martes, 2 de diciembre de 2008

#16 Salto a la vida

Ojos que se pierden en el límite de la perfección; que invitan a pasar a indagar, a entender, a disfrutar. Caminar seguro, confiado; lleno de paz, armonía, energía y propósito. Torso que en vuelve a la niña en mujer. Labios frescos, húmedos; incógnita y respuesta, salida de emergencia cuando a esos ojos no dejas hablar, cuando escondes la mirada, cuando huyes y se esconden, cuando aprovechan la belleza de tu boca para robar mi atención. Hay algo. La elegancia de su sencillez, el interesante desinterés por todo lo que te rodea, por todo lo que para ti no es. Hay algo, hay luz.
Quien en algo me conoce, conoce ya mi atracción casi obsesiva (aunque en lo personal lo considero una obsesión atractiva) que desde niño he tenido por Meg Ryan. Hoy mientras miraba la película “City of Angels” empecé a escribir. Varios factores me llevan a ver esta película “n” veces sin sentir que debería no hacerlo: dos de las pocas canciones que disfruto en ingles; Angel (Sarah McLaclan) y Iris (Goo Goo Dolls), las tomas de Meg en pitufo que resaltan sus bellos ojos, el personaje de doctora que vale mucho más que la historia y un final que pasa poco a poco de lo amargo a lo dulce, y un poco más lento, de lo dulce a lo salado.
Si bien la historia no me termina de convencer, esa es solo una mala envoltura para un mensaje que si me acaba de convencer, un mensaje en el que creo: Libre albedrio y decisión. Aplicable a todas las etapas y aspectos de mi vida, la imagen de Meg aun fresca en mi cabeza invita a orientar las ideas a lo que sueño siquiera coherentemente imaginar; el pretexto que me lleve a la decisión de saltar y descubrir la diferencia tangible entre existir y vivir.
“No es bueno que el hombre este solo”. Ya desde el principio estas palabras pronunciadas por el mismo Dios son preludio, clímax y conclusión de la realidad del ser humano. Adán tenía el mundo entero y perfecto a sus pies, cada ser vivo, cada metro cuadrado de tierra, trabajo para dar sentido a la vida, alimentos y la compañía diaria del mismo Dios; no era suficiente, Adán estaba solo y eso no era bueno.
A través de los años Eva se ha vuelto cada vez más complicada. En lo personal pagaría porque entrando al quirófano pudiese intercambiar una costilla por la mujer (nótese “la mujer” concepto distinto a “una mujer”). La decisión de lanzarse y caer, de romper con la barrera que nos divide, que nos aísla de nuestra humanidad, esa que da miedo, que se acobarda, que sufre, que llora, que siente, que duda, aquella que no solo existe… aquella que vive; está determinada por la mujer. Única, capaz, total, particular.
Saltar al sentimiento del dolor y la confusión es bueno. Todo recobra sentido y se revaloriza; la sensación al respirar, el contacto con la tierra, los sonidos, el calor, el olor, el sentido de la vida misma, la percepción de uno mismo. La lluvia de la que antes escapabas se enamoro de ti. Magia. Olvida todo lo que conoces; un beso nunca será igual, el mejor antes del salto ni siquiera será recordado con valor, los roces, la voz, se pierde la memoria y se reconoce en otra dimensión. El verdadero salto no se da por cualquiera (fue fácil para Nicolas Cage… quien no lo daría por Meg?), nos podremos engañar hasta que crucemos con sus ojos. La gente no lo entiende, yo mismo no lo entiendo, solo espero poderlo y saberlo vivir.
La muerte, final amargo, pasa y se transforma en algo dulce. Homenaje a la eternidad de ciertos momentos, del verdadero placer de vivir y de convertir al tiempo y al espacio en algo subjetivo donde la eternidad cabe en un segundo y donde la eternidad puede estar tristemente llena de nada. Magia. No es lo que es sino en lo que se convierte; no es lo que eres sino lo que despiertan en ti.
El valor y significado de cu4tro letras no se pueden describir, se entienden en un segundo y la mayoría pasa la vida sin encontrar ese segundo a la verdadera libertad.

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