Se cierra un ciclo. Ya lo sentía venir y ayer se manifestó en hechos. Hace ya muchos años que el corazón había sido exiliado, reprimido e ignorado. Las decisiones se tomaban en la azotea bajo razonamientos fríos, calculados y por no decir cobardes diré que eran bastante conservadores. Por bandera la razón, por juramento la precaución; se había perdido por completo el coraje y el valor para escuchar la única voz que de verdad tiene derechos; la voz del corazón.
Benditos ojos que fueron pretexto para en acción ver repatriado el corazón. Las manos me temblaban y la voz salía extraña, como quien vuelve de la completa oscuridad y cualquier claro de luz lo deja deslumbrado. Poco a poco la luz lo fue llenando todo, la acción estaba hecha y aun no puedo dejar de pensar en esos ojos. Ojos que tal vez tengan dueño, ojos que tal vez no necesiten mi mirada, ojos que tal vez me dejen ciego, y sin embargo, ojos que inundan hoy mis ganas.
Fui hombre como hacia años no lo era, fui hombre gracias a ella. Si bien han sido varias las mujeres que en el camino han colaborado, si bien tal vez aun faltan muchas por cooperar, ella hoy marca una pauta de confianza, un abastecimiento que me pone de frente al horizonte, horizonte que hace olvidar la banalidad de medidas humanas para presentarse real y distante, presente y palpable, veraz e inalcanzable.
Cu4tro letras no son un par de ojos. Cu4tro letras son la constante renovación de los deseos, el constante proceso de cambio donde uno se descubre día a día en la diferencia marginal. Benditos ojos que me dictaron, describieron y plantearon un cambio que, en el margen, fue tan significativo en la evolución de mis formas, de mis tamaños, de mis pasiones. Ella es aquella que no conozco y a quien hoy, solo hoy me debo, mañana, mañana es un bendito misterio. Se cierra un ciclo. Ya lo sentía venir y ayer se manifestó en hechos. Hace ya muchos años que el corazón había sido exiliado, reprimido e ignorado. Las decisiones se tomaban en la azotea bajo razonamientos fríos, calculados y por no decir cobardes diré que eran bastante conservadores. Por bandera la razón, por juramento la precaución; se había perdido por completo el coraje y el valor para escuchar la única voz que de verdad tiene derechos; la voz del corazón.
Benditos ojos que fueron pretexto para en acción ver repatriado el corazón. Las manos me temblaban y la voz salía extraña, como quien vuelve de la completa oscuridad y cualquier claro de luz lo deja deslumbrado. Poco a poco la luz lo fue llenando todo, la acción estaba hecha y aun no puedo dejar de pensar en esos ojos. Ojos que tal vez tengan dueño, ojos que tal vez no necesiten mi mirada, ojos que tal vez me dejen ciego, y sin embargo, ojos que inundan hoy mis ganas.
Fui hombre como hacia años no lo era, fui hombre gracias a ella. Si bien han sido varias las mujeres que en el camino han colaborado, si bien tal vez aun faltan muchas por cooperar, ella hoy marca una pauta de confianza, un abastecimiento que me pone de frente al horizonte, horizonte que hace olvidar la banalidad de medidas humanas para presentarse real y distante, presente y palpable, veraz e inalcanzable.
Cu4tro letras no son un par de ojos. Cu4tro letras son la constante renovación de los deseos, el constante proceso de cambio donde uno se descubre día a día en la diferencia marginal. Benditos ojos que me dictaron, describieron y plantearon un cambio que, en el margen, fue tan significativo en la evolución de mis formas, de mis tamaños, de mis pasiones. Ella es aquella que no conozco y a quien hoy, solo hoy me debo, mañana, mañana es un bendito misterio.
lunes, 29 de diciembre de 2008
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