sábado, 25 de octubre de 2008

#13 Carlos Monsivais

Envuelto en un éxtasis intelecto-cultural después de una intensa semana rodeada de libros, sus letras y exponentes me siento tan indigno como inspirado a escribir e invitar a cualquier ser vivo que disfrute de algún modo de inteligencia, a inmiscuirse y explorar el universo de la diversidad de ideas.

De entre los muchas cosas que me han marcado dentro de los últimos años de mi vida, sin duda se encuentran las palabas del director de la que hasta hace poco fue la división que abrazara la carrera de economía al sistema ITESM. Parafraseando a defecto de una brillante memoria, la idea era la siguiente: Escuchen a todos (y yo aplicaría al verbo escuchar una connotación urgentiva, paradójica y apremiantemente hambrienta de integración de la divergencia ideológica) no hagan caso a nadie; utilicen las ideas de los demás para matizar las propias. Saco esto a colación minutos después de escuchar al brillantísimo Carlos Monsiváis, digno representante mexicano de la lucidez de pensamiento; la personificación de la cultura e individualidad intelectual, desarrollar con agudeza suprema e ironía sutil y descarada aplicar, con una sencillez que sorprende al detectar el nivel de profundidad que puede generar tras el ejercicio, una dosis de critica a la derecha mexicana en la presentación del último de sus libros. Si bien, y por lo que podríamos llamar una religiosa ventura, no coincido en muchos puntos con el mencionado, esta experiencia insta el recuerdo aquel que me predica con voces de eco, esa necesidad por satisfacer la necesidad (normativamente universal) de promover un rebote rebelde de ideas que poco a poco lime las asperezas de una mente que por naturaleza es tosca, deforme y rudimentaria.

Cu4tro letras necesitan verse y escucharse a través de los ojos y las voces de los demás. Cu4tro letras no son tolerancia; son integración, inclusión, son individualidad colectiva. Monsiváis es una de las pocas leyendas vivientes de nuestro México, un pilar de la cultura nacional. Humildemente recomiendo que la próxima vez que escuches en televisión o radio o leas en revista o periódico el apellido Monsiváis, te tomes un momento para escuchar o leer a este personaje como espejo vivo de tus más lucidas ideas. Para terminar extiendo mi invitación a que te observes en los demás, garantizo que te descubrirás más grande y bello de lo que por cuenta propia podrías hacerlo.

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