La música termino por atraerme, años han pasado ya desde que inconvenientemente inicie un proceso de insensibilización casi demagógica sobre mis sentidos, y, al escuchar aquellas las canciones que en su momento me transportaban a mejores mundos, la nostalgia me golpeo con el recuerdo de aquellos atardeceres con tintes de inocencia que, al menos puedo presumir, nunca se convirtieron en ingenuidad.
Desperté a la realidad (en más de un sentido)cuando la interprete iniciaba con las notas de lo que había anunciado como liga a la quinta estación; como rayo que se anuncia con estruendo y por segundos se deja ver, paso por mi mente una dedicatoria de mi añoranza a aquel romanticismo perdido que no hace muchos años aun me definía. En verdad he perdido media alma mas propina, he embriagado de razón y pragmatismo una salida que si bien sigue sin mostrar el sol, al menos mantuvo las nubes disipadas.
Extraño aquel que soñaba mientras escribía canciones de amor. Este que cocina recetas prefabricadas para mantener un status quo necesita la compañía de quien mejor que aquel que también soy yo, aunque por el momento me mantenga emborrachado en el exilio. Es hora de recobrar la sobriedad con los fantasmas que con ella se reviven. Cu4tro letras no solo conocen el sabor de las lagrimas, también las saben degustar, no solo aprecian el sabor de las alegrías, también las saben añorar.
Bien pagado lo perdido si al menos un centavo me devuelve en materia prima transformada en experiencia que enriquezca una vida que se construye a conciencia y a mis espaldas cada mañana, en mucho más de lo que ayer imagine.
sábado, 25 de octubre de 2008
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